Barcelona, Buenos Aires y Bogotá

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Durante los primeros tres meses del 2017 tuve la oportunidad de reunirme en Barcelona, Buenos Aires y Bogotá con líderes en el campo de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC). Provenientes de todos los rincones de las Américas, los desafíos que expresaban eran similares a los que ya había escuchado por distintos representantes caribeños en la pequeña pero agradable Willemstad.

Los principales objetivos de principios de siglo se han alcanzado. Los niveles de adopción de servicios de telecomunicaciones han superado todas las proyecciones iniciales. Ahora las preguntas recurrentes son qué hacer con toda esa conectividad actual, cómo poder cerrar esa brecha del último 10% de la población sin servicios de telecomunicaciones y de qué forma se pueden acelerar los niveles de innovación.

Esta triada no se responde de forma sencilla. Muchas veces ni los mejores casos de éxito, ni los números salidos de un modelo financiero coherente o el sentido común son suficientes para solventar obstáculos. Por ejemplo, el despliegue de infraestructura a nivel local es un tema que puede verse en numerosas jurisdicciones como uno de desafío del poder central a los derechos adquiridos por los gobiernos locales. Desgraciadamente en ocasiones las decisiones tomadas con las mejores intenciones pero con información incompleta pueden ser idénticas a aquellas hechas por quienes priorizan el lucro personal al servicio público. Siempre la víctima inevitable parece ser el consumidor.

Otro tema que no deja de ser preocupante por su impacto en las otras brechas digitales que aceleradamente se incrementan en la región. Una de ellas es el nivel de adopción de nuevas tecnologías que tienen los usuarios y que puede tener repercusiones negativas si el interés de las autoridades es promover el desarrollo del país por medio de la utilización de las TIC en los diversos sectores de la economía. ¿Cómo surgen estas trabas? No hay fórmula definida ni un mal que explique toda la dolencia regional. Hay casos donde los altos impuestos retrasan la compra de dispositivos que permitirían al usuario acceder a aplicaciones y servicios que las versiones anteriores no pueden soportar. Si se habla de aplicaciones relacionadas a servicios de salud o de aquellas que hacen más eficiente realizar un trabajo, su importancia no debe ser subestimada.

En otras ocasiones el pequeño tamaño de los mercados junto a su compleja realidad política hace que muchos proveedores los releguen a un segundo plano. Lo importante parece ser siempre atender las necesidades de los grandes mercados, sin importar que aquellos lugares de menor tamaño geográfico y población podrían ofrecer valiosa información sobre el comportamiento del mercado una vez se haya alcanzado un alto nivel de penetración de la nueva tecnología.

El tercer desafío antes mencionado podría ser explicado como la falta de entendimiento de muchos tomadores de decisión que llegan a confundir el despliegue de infraestructura como innovación. Esta mentalidad, certera en la última década del siglo pasado, no parece ajustarse a una realidad donde lo importante ya no se centra en desplegar infraestructura sino también en saber cómo utilizarla para mejorar la vida de los consumidores.

Obviar este último paso puede ser consecuencia de la ignorancia que pueda existir sobre esta necesidad o simplemente el hacerse de la vista larga ante una solución que implicaría desembolsar grandes cantidades de dinero para brindar entrenamiento a los usuarios.

Las conversaciones fueron en Barcelona, Buenos Aires y Bogotá, pero muy bien pudieron ser en Monterrey, Montevideo y Managua. Las dudas son las mismas: ¿cómo sacarle el jugo a lo que ya está desplegado? ¿Cómo acelerar el despliegue de nuevas tecnologías? ¿Cómo lograr convertir en realidad el tan cacareado impacto positivo de las TIC en el crecimiento económico del país?

Lo chistoso es que mientras escuchaba, pocas veces oí mencionar el rol de los contenidos.

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