No hay que echar las campanas al vuelo con la reforma en telecom

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Roberto García Requena.

Ovaciones

Después de una mínima modificación -poco sustantiva- que hizo la Cámara de Diputados y que no tiene ninguna implicación jurídica en la redacción del artículo 28 de la Constitución al cambiar las palabras las resoluciones por éstas, la minuta se volvió a enviar al Senado en donde se espera que el día de hoy sea finalmente aprobada a reforma constitucional en telecomunicaciones. Después de esto la reforma se enviará a os congresos locales para que en el momento en que 16 legislaturas estatales la aprueben se dé por concluido el proceso legislativo y el ordenamiento entre en vigor. Sin lugar a dudases una reforma que avanza al sector telecomunicaciones. Un sector que se ha visto aquejado durante anos por distintas razones, desde la génesis del órgano -egulador, hasta problemas de alta concentración en los mercados y falta de un entorno je competencia que propicie inversión y desarrollo en infraestructura. Todo ello, por supuesto, reflejado en constante pérdida de bienestar para los usuarios finales quienes somos los que pagamos en últimas consecuencias la disfuncionalidad del sector. La reforma refuerza el marco jurídico de las telecomunicaciones. Se reconoce en el texto la convergencia de servicios y de industrias. Se le dota de mayores facultades al órgano regulador de las telecomunicaciones y al de competencia económica. Se elimina en definitiva la llamada doble ventanilla. Se abre la inversión extranjera. Se crean tribunaes especializados. En términos generales, se fomenta un entorno de mayor competencia que a la larga reditúe en servicios de mayor calidad a precios más bajos. Sin embargo, es muy pronto para echar las campanas al vuelo. Falta, en primer lugar, aterrizar y promulgar la ley o leyes secundarias que le den vida al mandato constitucional. Aquí va a estar el detalle fino para que realmente se logre el propósito de la reforma. Sin una legislación secundaria razonable, acorde a las necesidades, precisa y objetiva, la eforma constitucional no va a servirle a nadie. Si se hace un entuerto de la ley secúndala podríamos retroceder en lugar de avanzar. Hay que tener mucho cuidado en esto. Ahora bien, aun cuando se logre una buena legislación secundaria, habrá que esperar todavía a ver cómo reacciona el mercado, los inversionistas, las empresas, el consumidor, el nuevo regulador, etc. Es decir, hay muchas variables inciertas que es muy temprano para pronosticar su comportamiento. Por ejemplo, ¿realmente habrá inversionistas extranjeros interesados en meter su dinero en el sector telecomunicaciones en México? ¿El recién creado y todopoderoso IFETEL invita o espanta la inversión? El hecho de que io proceda la suspensión jurídica a sus resoluciones, salvo en los casos de sanciones o desincorporaciones, ¿ayuda más de lo que perjudica? Las respuestas están por verse dentro de varios años.

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