Banda Ancha / Impuestos especiales en telecomunicaciones

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Roberto García Requena
La Crónica de Hoy
Se acerca de nueva cuenta la revisión y aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación y de la Ley de Ingresos. Tenemos que insistir en la eliminación del Impuesto Especial a Productos y Servicios (IEPS) en el consumo a los servicios de telecomunicaciones. La motivación económica explica por qué un IEPS a las telecomunicaciones no hace otra cosa más que inhibir el crecimiento y penetración de estos servicios entre la población, lo cual es una política pública errónea en un país con una brecha digital tan pronunciada como el nuestro.
El IEPS, por más explicaciones que se quieran dar, es un impuesto que termina por pagar el usuario final. Por ello, el IEPS es un impuesto al consumo, por cierto, adicional al Impuesto al Valor Agregado (IVA) que ya de por sí se paga. Un impuesto al consumo, por naturaleza, encarece el precio relativo del bien o servicio a consumir, y por ende termina por inhibir la compra de dicho producto. En el caso de las telecomunicaciones es aberrante que disminuya el consumo de estos servicios gracias al cobro de un impuesto especial. De hecho, sería diametralmente opuesto a una política que pretenda impulsar una mayor penetración y cobertura de estos servicios.
Por otro lado, el impacto en el consumo también perjudica a la industria en sus planes de inversión y expansión de infraestructura. Como señala el destacado economista Ernesto Piedras: “los impuestos a las telecomunicaciones que entraron en vigor en enero de 2010 han afectado el crecimiento de la industria, ocasionando una pérdida promedio de 3,194 millones de pesos al año. Esta disminución en los ingresos se traduce en una merma de 3.23 por ciento de los ingresos de las telecomunicaciones, lo que representa un impacto negativo al aparato productivo nacional, además que refleja una recaudación menor a la esperada por este concepto.”
Además es un impuesto regresivo al afectar más a los que menos tienen. Proporcionalmente, respecto a sus ingresos, un impuesto al consumo le pega más a los estratos socioeconómicos más bajos. Por ello, con el IEPS se desalienta el consumo de estos servicios a los más pobres del país, lo que a su vez profundiza la desigualdad de oportunidades tecnológicas y de conectividad entre la población. No es posible que los servicios de telecomunicaciones sean considerados un artículo de lujo, pues no lo son. Son una herramienta indispensable de trabajo que eleva la productividad de los individuos y empresas.
Ya es mucha la aportación fiscal que hace el sector a la caja del gobierno federal. Mejor optemos por incentivar el consumo y crecimiento, y no por desalentarlo. Se tienen que delinear políticas públicas claras para lograr un crecimiento sostenido de las telecomunicaciones, así como una estrategia para mejorar la calidad y los precios de los servicios. Un paso en esta dirección sería efectivamente eliminar el cobro del IEPS. Se tiene que imponer una visión de largo plazo del sector y su importancia en la economía nacional, al apetito recaudatorio de nuestras autoridades fiscales.

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