Telecom: empoderar al cliente

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Durante lustros, destacados economistas y organismos internacionales especializados como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que preside el mexicano José Ángel Gurría, han referido que nuestra economía no crece al ritmo que se necesita por el lastre que implica la falta de competencia.

Sí, la falta de competencia en todos los aspectos de nuestra vida nacional. En materia de educación siempre supimos que los ingresos de los maestros dependen más de su sumisión al cooperativismo sindical que de su desempeño en el aula. Los sindicatos manejan sus recursos en total opacidad y no otorgan beneficio alguno a sus agremiados. En energía los negocios con Pemex o la CFE se hacen con contactos y no con bienes y servicios de calidad y el servicio y precio al cliente nunca han importado. Los bancos son un club de ricos y para ricos y el cuentahabiente de a pie tiene que sufrir largas filas y el despotismo de los cajeros. Las tarjetas de crédito son sólo una sofisticada forma de las tiendas de raya. Las telecomunicaciones son una renta mensual que más de 70% de los mexicanos pagamos al segundo hombre más rico del mundo que quiere volver a ser el primero.

A esta lista sigue un largo etcétera que tiene un común denominador: a nadie le importa el cliente porque los negocios se hacen al interior de una intrincada madeja de intereses y no de cara al usuario o supuesto beneficiario de esos bienes o servicios. Como dijo alguien hace poco, nuestra economía no es una economía de mercado, es una economía de cuates.

Se ha hablado mucho de empoderar al cliente, al usuario, al consumidor, pero cuando los partidos políticos tuvieron la oportunidad de hacerlo al legislar sobre acciones colectivas cambiaron todo para que todo siguiera igual. Después de largos juicios, el afectado debe probar el daño personal y directo que la conducta ilícita de la empresa o el Estado le causó. ¿Cómo puedo probar el negocio que dejé de hacer cuando perdí la llamada con un cliente porque la red de telefonía celular no sirve? ¿Me van a rembolsar los 50 pesos que me cobraron ese día? ¿Eso resarce el daño? ¿Es eso un castigo ejemplar para que la empresa mejore sus servicios? Evidentemente, no.

Nos falta mucho, pero el presidente Peña Nieto y los legisladores comprometidos con México han avanzado en el sentido correcto en lo que va del sexenio: los maestros tendrán que acreditar sus aptitudes frente al aula, los sindicatos van a tener que transparentar sus cuentas, Pemex y la CFE deberán pelear por sus clientes, los bancos deberán hacer transparentes y claros sus contratos y servicios y las empresas de telecomunicaciones… Bueno, las empresas preponderantes en telecomunicaciones (Telmex-Telcel) están peleando en la calle lo que no podrán ganar en el Congreso de la Unión. Igual que lo pelearon los maestros de la CNTE, el sindicato de la extinta Compañía de Luz y demás vividores del erario disfrazados de políticos de izquierda.

Hace unos días leí que Telmex-Telcel consideran que la iniciativa de Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión les confiscará sus bienes porque les impedirá seguir haciendo un negocio de sus competidores. Nada más falso. El que no puedan cobrar por la interconexión simplemente significa que van a tener que competir en precio y calidad de cara al usuario y no hacer de un insumo esencial un negocio que depreda a la competencia. Todos sus activos seguirán siendo suyos y con ellos seguirán prestando servicios a 80% del mercado en telefonía fija y a 70% del móvil, y todos esos usuarios seguirán pagando sus facturas. ¿Dónde está el despojo?

Vivimos una época histórica. Si hay inconformidad con las reformas es porque van por buen camino.

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