AT&T no puede adquirir Nextel

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Randall Stephenson, CEO de AT&T, ha hecho declaraciones contradictorias en la última semana. Nos sorprendió a todos con el anuncio de la compra de Iusacell por 2,500 millones de dólares. Inmediatamente, analistas del sector e incluso especialistas bursátiles interpretaron la noticia como un golpe al proyecto de América Móvil de desincorporar activos, espectro radioeléctrico y usuarios, para reducir su participación nacional en el sector telecomunicaciones por debajo de 50%, y así sacudirse la regulación asimétrica que en su carácter de preponderante le impusieron el Instituto Federal de Telecomunicaciones y la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión. Tan es así, que las acciones de América Móvil en los mercados sufrieron una importante baja en su valor de cotización.

Como señalé en mi artículo de la semana pasada, me parece que llegar a la conclusión de que AT&T será un verdadero competidor de América Móvil es, por lo menos, aventurada en este momento. Una vez dada a conocer la adquisición de Iusacell, el señor Stephenson declaró que no necesitan de los activos de América Móvil para crecer en México, en mi opinión, tratando de fortalecer la impresión de que AT&T será efectivamente un competidor de América Móvil. En la misma tesitura, ha declarado en varias ocasiones que su objetivo inmediato es adquirir Nextel. Una vez más, analistas del sector telecomunicaciones y bursátiles han mordido el anzuelo y han continuado sus especulaciones sobre la férrea competencia que AT&T implicaría para América Móvil.

La estrategia desde el punto de vista comunicacional parece impecable, pero tiene errores evidentes para cualquiera que conozca a profundidad la regulación en el sector. AT&T simplemente no puede adquirir Nextel. Si bien la participación conjunta de mercado de Iusacell y de Nextel no representaría en principio un problema desde el punto de vista de concentración de mercado, sí lo haría desde el punto de vista de la acumulación de espectro radioeléctrico y del eventual desplazamiento de nuevos competidores que ello traería como consecuencia. Tan es así que en las últimas licitaciones de espectro llevadas a cabo por la extinta Comisión Federal de Telecomunicaciones y con base en resoluciones de la también extinta Comisión Federal de Competencia, se estableció que ningún operador podrá acumular un ancho de banda que exceda de 80 MHz en una misma región, y es el caso que Iusacell tiene aproximadamente 54 MHz en promedio a nivel nacional y Nextel tiene 110 MHz (de acuerdo con el reporte anual 2012 de su controladora NII Holdings ante la SEC de Estados Unidos) en promedio a nivel nacional, los cuales, acumulados, equivaldrían a 164 MHz en promedio a nivel nacional, que son 84 MHz por encima del tope máximo de concentración de espectro autorizado para cada operador.

Me parecería sorprendente que, a estas alturas, el señor Stephenson no estuviera al tanto de esta grave barrera regulatoria que enfrentaría la eventual adquisición de Nextel por AT&T. Ni AT&T, comandada por el señor Stephenson, ni mucho menos América Móvil, del ingeniero Slim, son ingenuas o están mal informadas, lo cual abona a la hipótesis que di a conocer en mi entrega de la semana pasada: la adquisición de Iusacell por AT&T es sólo un paso previo para la adquisición por parte de ésta de activos y clientes en telefonía e Internet fijo distribuidos por estados, dividiéndose así el territorio nacional, y para la adquisición de usuarios de mediano y bajo consumo por parte de AT&T/Iusacell, actualmente clientes de Telcel. Es decir, toda la infraestructura y el espectro de Telcel se verían intocados a nivel nacional, la infraestructura de Telmex se dividiría por estados con graves problemas de concentración regional y los socios seguirán siéndolo aunque aparenten competir. La única manera en que AT&T sea un verdadero competidor de América Móvil sería con una desincorporación transversal de activos y clientes de telefonía e Internet fijo en todo el país.

 

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