Aranceles de Trump sobre el acero: una ocurrencia

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2018-03-06

A finales de la semana pasada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó nuevamente Twitter para dar a conocer una decisión inminente en materia de comercio exterior: la posibilidad de imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio. Su argumento es que los “deficientes” acuerdos comerciales que las distintas administraciones de los Estados Unidos han firmado, han diezmado (término literal utilizado por él) la industria del acero en aquel país, lo que a su vez ha afectado negativamente a los trabajadores de ese sector.

A pesar de las voces serias que desde el viernes le han advertido sobre los riesgos de que Estados Unidos inicie una guerra comercial con sus principales socios comerciales, por las medidas compensatorias que éstos pudieran adoptar, guerra de la que saldrán afectados, sobre todo, los consumidores en ese país, Donald Trump retomó la idea de imponer esos aranceles compesatorios por igual a todos sus socios comerciales, incluyendo a México y Canadá, con quienes está negociando la modernización del TLCAN. En la lógica simplista de Trump, carente del rigor que requiere una decisión de política de comercio exterior de este calado, incluir a sus socios comerciales del TLCAN en esta ocurrencia servirá de incentivo a estos para lograr el cierre de las negociaciones.

Un gran número de economistas y otros especialistas en comercio exterior han insistido en que la medida no tiene ningún asidero en la teoría económica o del comercio internacional, y que lejos de generar el efecto buscado por Trump de relanzar la industria del acero y aluminio en aquel país, se traducirá en incrementos en los precios de diversos bienes manufacturados en Estados Unidos que requieren de acero o aluminio importado, como es el caso de los vehículos. Así que la medida proteccionista podría generar condiciones para que mejore la producción de acero en Estados Unidos, pero a un precio más alto que al que actualmente se consume en esa economía.

Ayer a primera hora, Trump volvió a dedicar tres tuits al tema. Como era de esperarse, el mercado bursátil en Nueva York de inmediato resintió los efectos de este empecinamiento de Trump. Por un lado, el valor de las acciones de las empresas acereras que cotizan en Wall Street se incrementó, lo que se tradujo en un aumento en el valor de capitalización total de estas empresas de cerca de 2,300 millones de dólares. Al mismo tiempo, empresas de otros sectores sufrieron el efecto contrario, vieron disminuir el precio de sus acciones, lo que provocó una pérdida de 328,000 millones de dólares en el valor de capitalización de las empresas de los otros sectores que resentirán los efectos de la imposición de los aranceles de Trump.

La correduría Goldman Sachs por ejemplo, estimó que la medida podría ocasionar una merma de 1,000 millones de dólares en las ganancias de los fabricantes de automóviles Ford y GM, respectivamente. Lo curioso del caso, es que la industria del acero en los Estados Unidos se encuentra en buen estado, sobre todo porque el volumen de producción al cierre de 2017 fue 50% superior al registrado para el 2009, uno de los años más severos de lo que ahora se denomina la Gran Recesión, y se ubicó también por encima del promedio de los últimos 25 años.

Otro sector que resentirá los efectos de la ocurrencia de Trump es el energético. Se estima que una cuarta parte de los ductos y tubería comprados para la industria petrolera de Estados Unidos en el 2016, fueron de importación, por lo que ese sector, aliado de Trump, verá incrementados sus costos.

Ante todo esto, la pregunta es: ¿Por qué los estadounidenses no se dan cuenta del desastre que Trump está construyendo?

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