Acuerdo comercial EU-México-Canadá (NAFTA 2018)

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2018-10-2

Cuando Estados Unidos y Canadá anunciaron que habían resuelto sus diferencias que impedían que los canadienses se incoporaran al acuerdo que hacía un mes habían alcanzado México y Estados Unidos, se eliminó buena parte de la incertidumbre alrededor del destino del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o NAFTA, por su sigla en inglés).

Se trata de un paso clave para salvar la relación comercial entre las tres economías de la región de América del Norte, que en conjunto comerciaron cerca de 1.2 billones de dólares de Estados Unidos (1.2 trillones de dólares, conforme a la escala corta utilizada en ese país). Sin duda es una gran noticia, sobre todo si tomamos en cuenta el contexto bajo el cual tuvo lugar el proceso de negociación, de manera señalada, la creciente presión del presidente Donald Trump en contra de sus principales socios comerciales, entre ellos México, Canadá, la Unión Europea, Corea del Sur y China, aunque a Trump le cueste trabajo considerar a China en esta categoría.

Después de una revisión de los textos en inglés difundidos por la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) en su sitio de Internet, hay que destacar que los 34 capítulos en los que está dividido el acuerdo representan un trabajo de grandes proporciones. En tal esfuerzo, no hay duda alguna de que hay cientos de miles de horas dedicadas por los miembros del equipo negociador de nuestro país, que con conocimiento y experiencia supieron enfrentar los desplantes de los dictados de la Casa Blanca a un equipo negociador de los EU que, estoy seguro, en diversas ocasiones no sabía cómo justificar las posiciones absurdas que les hicieron poner sobre la mesa. Mi reconocimiento al secretario Ildefonso Guajardo por haber guiado con temple y experiencia a ese gran equipo negociador.

En mi colaboración del pasado 28 de agosto, mencioné algunos aspectos o temas a destacar respecto de lo que recien se había anunciado al cierre de la negociación entre México y Estados Unidos. Por el volúmen y valor del comercio transfronterizo, no puede pasarse por alto el hecho de que la regla de origen para la industria automotriz se modifica para incrementar el porcentaje de contenido regional que debe estar incorporado en un vehículo automotriz para que se comercie dentro de la región TLCAN libre de arancel. Es importante señalar que en paralelo a esta modificación y frente a las amenazas que ha enderezado Trump contra el resto del mundo en materia de comercio automotriz, México logró comprometer a EU a no incluir a México dentro del trato arancelario que llegue a imponer al resto del mundo. De hecho se comprometió a permitir que hasta 1.6 millones de automóviles producidos en México puedan exportarse con un arancel máximo de 2.5 por ciento. El tema no es menor para un sector que representa cerca de 75,000 millones de dólares de exportaciones anuales a EU.

Hay que destacar que el capítulo sobre telecomunicaciones es, en mi opinión, el más amplio hasta el día de hoy en los diversos acuerdos comerciales internacionales. Ahí quedó incorporado el concepto de agente preponderante introducido en nuestra Constitución a partir de la reforma telecom, así como otros principios regulatorios plasmados actualemente en el marco legal mexicano. También, para el caso de México, se establece que el órgano regulador es un ente autónomo separado del Poder Ejecutivo. Hay que destacar los capítulos sobre comercio digital y propiedad intelectual.

La mano del equipo del presidente electo López Obrador se detecta en el Capítulo 8, sobre el tema de los hidrocarburos, donde se establece que EU y Canadá reconocen que México se reserva el derecho a reformar su Constitución, en materia de hidrocarburos. También en el anexo 23-A del capítulo laboral, donde extrañamente se menciona el mandato que recibió en las elecciones el gobierno entrante de México, un lenguaje inusual en un instrumento de esta naturaleza.

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