El 2018: decisivo también en Telecom

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2018-01-10

Para nadie es un secreto que el año que empieza será uno de decisiones fundamentales para el futuro de México. De ninguna manera se trata de un año más. Podemos ver desde la proa las nubes y truenos de la tormenta y cada día nos acercamos más a ella. Parece que, por una misteriosa trama del destino, esta tierra de volcanes está entrando en una etapa de inestabilidad que no se había visto desde la Revolución Mexicana. La inminente salida de Estados Unidos del TLCAN, más por motivos ideológicos que económicos; el renacimiento del arraigado nacionalismo mexicano ante los ataques externos; el descontento social por la corrupción y la impunidad de la clase política, y las elecciones del 1 de julio en que seguramente las potencias extranjeras, marcadamente Estados Unidos y Rusia, querrán influir son las semillas de una polarización que a nadie conviene. Un México convulso siempre nos ha debilitado y ha destruido los avances económicos y democráticos conseguidos por generaciones de mexicanos.

Por eso, en esta columna y limitándome al ámbito de mi especialidad, haré referencia a los avances alcanzados en materia de telecomunicaciones a lo largo de varias décadas y que pueden estar en riesgo si modificamos el rumbo. Los que vivimos nuestra juventud cuando Telmex era un monopolio estatal recordamos muy bien el viacrucis que implicaba conseguir una línea telefónica. En aquella época sólo se podía contratar una línea nueva si se tenían contactos o se sobornaba a algún empleado de la telefónica. Pagar el recibo era casi tan complicado como contratar una línea. Con la privatización de Telmex y, en muy poco tiempo, esto cambió de manera radical. El grupo del ingeniero Slim volteó a ver a los usuarios como clientes y no como súbditos, la oferta de líneas creció de manera exponencial y todos los trámites se simplificaron. Seis años después se abrió el mercado a la competencia, primero en larga distancia y después en el servicio local. Como en toda economía de libre mercado, algunas empresas lograron crecer y otras fracasaron, pero el servicio y la oferta continuaron creciendo. El advenimiento del Internet y la transmisión por conmutación de paquetes de datos en lugar de circuitos hicieron posible la entrada de servicios disruptivos como la voz por Internet, que obligó a las telefónicas a replantear su modelo de negocios y a migrar a estas nuevas tecnologías. Con la implementación del servicio El que llama paga, la telefonía móvil tuvo un crecimiento imprevisto, incluso para los más optimistas.

Con la tecnología digital, se autorizó a las antiguas empresas de televisión por cable a prestar servicios de telefonía y acceso a Internet, con lo que se sentaron las bases para un mercado más competitivo. No obstante, el poder de Telmex y Telcel seguía siendo excesivo y la OCDE hizo una serie de recomendaciones para impulsar la competencia. En el 2013, en el marco del Pacto por México, se llevó a cabo la reforma más trascendente en el sector desde la privatización de Telmex.

Hoy tenemos uno de los marcos jurídicos y regulatorios más robustos del mundo, y, aunque tarde, están en proceso de implementación medidas que han probado su éxito en los países más desarrollados. Por supuesto que ha habido tropiezos y resistencias, pero la maquinaria regulatoria y legal funciona mucho mejor que antes de la reforma. La neutralidad tecnológica y la férrea defensa de la libertad de expresión por parte de la sociedad nos ha permitido acceder a infinidad de fuentes de información y entretenimiento.

Aunque disfrutamos de los beneficios tecnológicos, aún son inciertos todos los riesgos que este avance tecnológico implica. Lo cierto es que no puede haber marcha atrás; no debe haber marcha atrás. La OCDE y el BID han reconocido los avances en las telecomunicaciones de México. El sector sigue concentrado en exceso y todavía hay mucho por hacer, pero el rumbo es el correcto.

Ahora, para consolidar la reforma, el IFT debe ser más estricto en la verificación y supervisión del cumplimiento regulatorio por parte de todos los prestadores de servicios de telecomunicaciones, pero marcadamente del agente económico preponderante. No debemos cambiar el rumbo, pero sí profundizar en el cumplimiento de la reforma.

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