Las incumplidas promesas de un populista

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2018-10-16

El día de ayer, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió un informe que señala que durante el primer año fiscal de la administración del Presidente Donald Trump, su gobierno incurrió en un déficit presupuestal de 779 mil millones de dólares, es decir, que el gasto público sobrepasó en ese monto el total de los ingresos del gobierno federal de nuestro vecino del norte, monto que equivale a un 3.9 por ciento del Producto Interno Bruto de EUA. Se trata del mayor déficit presupuestal desde el año 2012.

Este resultado de las finanzas públicas se inscribe dentro del contexto de la tan celebrada reforma fiscal emprendida por Trump, que entre otras cuestiones, se destaca por una disminución significativa en los impuestos que pagan los sectores más favorecidos en aquel país, tanto individuos como empresas. Hay que señalar que a pesar del buen desempeño de la economía y de un mercado laboral pujante, los ingresos del gobierno federal de EUA crecieron muy poco en comparación con el año previo, y que el gasto se vio incrementado en forma importante como consecuencia de acuerdos políticos de Trump para lograr incrementar el gasto militar para este año.

El incremento en el déficit presupuestal de EUA se traduce a su vez en un incremento de la deuda del gobierno federal estadounidense, que pasó de 20 billones de dólares (trillones en la escala corta utilizada en EUA), a 21.5 billones de dólares. Esto empieza a generar preocupaciones en algunos analistas, pues el pago de intereses o lo que comúnmente se denomina el servicio de la deuda del gobierno norteamericano, se estima ya alcanza los 523 mil millones de dólares, lo que es el equivalente al 45 por ciento, aproximadamente, del PIB de México.

Según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), para el 2019, el déficit se incrementará a 973 mil millones de dólares y para el 2020, estará por encima de 1 billón de dólares (trillón en la escala usada en EUA), por primera vez desde el 2012, cuando la economía de EUA estaba en plena recuperación de lo que se conoce como la Gran Depresión, que yo llamaría la primera gran depresión del Siglo XXI.

No se puede pasar por alto que en campaña, Trump prometió eliminar el déficit en las finanzas públicas, de la misma manera que prometió reducir en forma importante y rápido el déficit comercial de EUA. En el primer caso, no solo no lo ha logrado, sino que en realidad sus resultados van en sentido opuesto a lo que prometió. Algo similar ocurre con el comercio internacional, ramo en el que según él, las medidas proteccionistas que ha venido instrumentando, tienen como propósito reducir el déficit comercial. Pues bien, la cruda realidad -y tal como lo predice la teoría económica- muestra que el déficit comercial de EUA no solo no se ha reducido, sino que se ha incrementado también, pues entre 2016 y 2018, ha crecido en 16.2 por ciento. Por ejemplo, la balanza comercial de EUA con China, México o Japón, lejos de mejorar ha empeorado, por más desplantes y ocurrencias que Trump y su equipo han presumido.

Aparte de estos resultados contrarios a lo prometido, está la constante presión de Trump sobre la Reserva Federal de los EUA, el banco central de ese país, a quien critica sus decisiones de política monetaria, que se han reflejado en una consistente alza en las tasas de interés.

Cuando las promesas de campaña se basan en ocurrencias sobre cómo funcionan las cosas, es muy probable que no solo no se logren, sino que se ocasionen mayores problemas y que se busque culpar a otros -como el banco central- de la falta de resultados. Así que no perdamos de vista las promesas que en México se han hecho para la llamada cuarta transformación.

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