Torres de telecomunicaciones: competencia para funcionar mejor

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2017-11-21

Las torres de telecomunicaciones se han convertido en parte del paisaje cotidiano. Sus luces intermitentes iluminan las noches en ciudades y campos de cultivo por todo México. Miles de azoteas en edificios y residencias del país tienen una estructura metálica de varios metros de altura que permite la operación de los servicios de telecomunicaciones que todos disfrutamos.

Actualmente ocho empresas son propietarias de torres de telecomunicaciones en México. Todas suman alrededor de 27 mil torres, de acuerdo con datos de la consultora The CIU. Suena una cantidad enorme, pero en realidad es apenas una fracción de lo que el país necesita. De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), para dar un servicio de telecomunicaciones móviles de calidad que cubriese a la totalidad de los mexicanos implicaría un parque de poco más de 80 mil torres de telecomunicaciones.

Como puede verse, el país necesita muchísimas torres de telecomunicaciones adicionales. Para resolver este déficit será necesario que los competidores incrementen sus inversiones en la construcción de torres y para ello la competencia en el sector ha sido y será uno de los impulsores del crecimiento de este sector, algo inusual en un mundo donde el agente económico preponderante en telecomunicaciones (AEP) ha marcado buena parte del desarrollo en esta área de la economía.

Primero un poco de historia. Cuando los servicios de telefonía celular comenzaron en México hacia finales de la década de 1980, las empresas pioneras construían sus propias torres para dar servicio a sus clientes. Con el tiempo cada operador de telecomunicaciones móviles (y a principios de este siglo existían casi una decena de compañías) construyó su propia red. Esto creó problemas como la redundancia: los mejores lugares para construir una red de telecomunicaciones son limitados por factores como la propagación de señal y por ende los competidores solían involucrarse en agrias disputas para tener derecho de construir sobre la misma azotea una torre de telecomunicaciones.

Más aún. Las empresas empleaban buena parte de sus recursos en la construcción y mantenimiento de su infraestructura convirtiéndola en los hechos en una empresa inmobiliaria y constructora. Cada operador destinaba cientos y quizá miles de millones de pesos anualmente para comprar terrenos, tramitar licencias, construir las torres, proveerlas de servicio eléctrico y seguridad, además de mantener cuadrillas masivas de trabajadores recorriendo el país para darle mantenimiento a las torres. No era raro que las compañías tuvieran plantillas de miles de trabajadores dedicados exclusivamente a dar mantenimiento a las torres en lugar de darle servicio al cliente final.

Hacia inicios de la presente década ocurrieron cambios interesantes. El primero fue que las empresas de telecomunicaciones comenzaron a vender sus torres a empresas especializadas, lo que les permitió concentrarse en el servicio al cliente, dejando en manos de estas compañías la gestión de su infraestructura. Debido a que estas empresas ganan más dinero mientras más empresas usen sus torres, abrieron su uso de quien quisiera usarlas. Esto fue un cambio importante ya que hasta entonces cada operador usaba en exclusiva las torres que tenía, lo que incluso se convirtió en un arma anticompetitiva puesto que el AEP tenía por costumbre negar el uso de su infraestructura a otros, al grito de “yo lo construí, sólo yo puedo usarlo”.

¿Qué ha sucedido al día de hoy? En 2015 el AEP creó una empresa hacia la que transfirió la totalidad de sus torres de telecomunicaciones, entonces unas 12 mil, bajo el argumento oficial de mejorar la rentabilidad de la infraestructura a su cargo, pero muy probablemente para evadir la regulación asimétrica impuesta a este AEP un par de años atrás. Al mismo tiempo llegaron competidores extranjeros y aparecieron nuevas empresas que en menos de media década se han hecho con alrededor de la mitad del mercado de torres, aproximadamente unas 11 mil. Algunas de estas empresas han logrado expandirse al punto de tener un portafolio de torres que suma varios miles, algo antes impensable.

Para llegar al objetivo de las 80 mil torres o una cifra que pueda cubrir una mayor cantidad de mexicanos con redes de telecomunicaciones de calidad será preciso impulsar la competencia en el sector, promoviendo las inversiones de quienes ya están en este negocio como la llegada de nuevos competidores. Curiosamente las torres de telecomunicaciones son ejemplo de que la competencia es la herramienta más eficiente para el crecimiento del sector, sin gritos ni reclamos.

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