Telecomunicaciones y competencia para superar el sismo

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Hoy día medio país vive bajo la emergencia: Chiapas, Oaxaca, Puebla, Morelos y la Ciudad de México son algunos de los estados más dañados por los eventos sísmicos de las últimas semanas. Cientos de comunidades, desde delegaciones en la Ciudad de México hasta poblados pesqueros en la costa del Pacífico tienen algún tipo de daño. Millones de personas carecen de techo, comida o su fuente de trabajo.

Pareciera un escenario gris, pero existe una línea de esperanza. Las redes de telecomunicaciones que cruzan el país han permitido que las familias se comuniquen y se encuentren tras la calamidad. Además, han servido para que los afectados pidan auxilio y orientar a los cuerpos de rescate en el envío de ayuda, alimentos, agua, medicamentos y equipo para la remoción de escombros.

Jóvenes activistas se han lanzado a las redes sociales para organizar iniciativas que lo mismo han mapeando inmuebles dañados que puesto en contacto mascotas perdidas con sus dueños. Toda esta actividad es posible porque internet ha seguido funcionando pese a los daños en edificios, calles, postes y cables. Esto ha sucedido en buena medida gracias a la competencia en el sector de las telecomunicaciones.

Hagamos un poco de memoria. En septiembre de 1985, las telecomunicaciones eran escasas y caras. La famosa crónica radiofónica que Jacobo Zabludovsky realizó tras el terremoto sólo fue posible porque su vehículo contaba con uno de los pocos teléfonos portátiles en el país. La empresa estatal de telecomunicaciones tenía el monopolio de las llamadas de larga distancia nacional e internacional del país, por lo que cuando sus instalaciones en el centro de la ciudad de México se vinieron abajo tras el terremoto, la ciudad se quedó silenciosa hacia el exterior.

Todavía hoy sorprende que los miles de brigadistas espontáneos quienes se lanzaron a la remoción de escombros con las manos desnudas se organizaron a gritos y transmitiendo pedidos de ayuda de boca en boca. La radio y la televisión quedaron en silencio por la falta de electricidad, así como la destrucción de instalaciones como estudios y torres de transmisión.

Pasemos al año 2017. Ya no existe un monopolio en el mundo de las telecomunicaciones fijas ni móviles. La competencia en las telecomunicaciones hizo que numerosas localidades cuenten con varias redes de telecomunicaciones que operan de manera paralela. Si una sufre daños quedan otras que pueden ofrecer el servicio. De esta manera, las comunidades se mantienen comunicadas incluso cuando algunas partes de la infraestructura quedan fuera de servicio.

Otro efecto positivo de la competencia fue que a las pocas horas del desastre, las empresas de telecomunicaciones abrieron sus redes de WiFi y ofrecieron gratuitamente servicios de voz, datos y mensajes cortos SMS. Sin que las autoridades lo ordenasen, en cuestión de horas las empresas del sector lanzaron un hilo de información que quizá nunca sabremos cuánto ayudó a las personas después de la tragedia.

Más aún, la competencia entre los operadores les ha hecho invertir decenas de miles de millones de pesos en recursos materiales y humanos desplegados en todo el país. Tras el sismo cientos de cuadrillas de personal especializado se lanzaron a levantar los cables caídos y reparar equipos transmisores dañados. El mismo Instituto Federal de Telecomunicaciones reconoció que a 72 horas del sismo, el 98% de las redes de telecomunicaciones del país estaban operando a plena capacidad.

Luego de varios días de crisis, los heridos son atendidos y las labores de rescate están por llegar a sus etapas finales en las ciudades más grandes. Sin embargo, las semanas y meses que vienen serán complejos. Muchas comunidades en localidades aisladas sufren aún las consecuencias de los sismos y pasará tiempo antes de que podamos tener una imagen detallada de sus efectos en la economía y la sociedad mexicana. Esta prueba ha demostrado que la competencia en el sector de las telecomunicaciones es fundamental para mantener a la sociedad conectada en situaciones de extrema emergencia.

La lección que deja este episodio es muy sencilla: la competencia en las telecomunicaciones permitirá que el país salga adelante de este desafío que enfrentaremos.

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